EL BLOG DEL APRENDIZ
SER MAESTRO O MISIÓN IMPOSIBLE
"Enseñar no debe parecerse a llenar una botella con agua, sino más bien a ayudar a crecer una flor a su manera".
Noam Chomsky
El siglo XXI no es precisamente una época fácil,-ninguna lo ha sido- los todopoderoso y omnipresentes medios de comunicación y la vida diaria se encargan de confirmar con el mayor lujo de detalles la clase de modernidad que vivimos, tiempos ardientes y turbulentos que a fuerza de repetición terminan por convencernos de que lo imposible siempre será imposible. Esta especie de domesticación del pensamiento y la voluntad nos revelan un panorama incierto y complejo, donde aparentemente los hechos negativos casi siempre priman sobre lo positivo y, para cualquier persona que posea una formación intelectual mínima usada en beneficio de su propia capacidad de reflexión y análisis, sería una verdad de a puño que el estado de cosas que nos rodea ya sea en lo económico, en lo social, lo político o lo educativo difícilmente alterará su rumbo en el futuro inmediato.
No escapamos los docentes a los enredos y callejones sin salida de éste sistema de cosas, máxime si debemos reconocer que la Escuela es el receptáculo natural de muchas de las contradicciones que el Estado, La sociedad, la familia y el individuo viven habitualmente; entrar en pormenores sería redundar y a la mayoría nos aburren las novelas y los juegos donde los argumentos y las derrotas se repiten hasta el cansancio; sin embargo cabría preguntarnos si la actitud y desempeño profesional de unos cuantos le está haciendo juego a una realidad educativa precaria y carente de oxígeno, o es que simplemente hemos llegado a la conclusión –y a la consecuente rendición - de que la suerte está echada y nada de lo que hagamos marcará una diferencia.
Felizmente abundan los ejemplos que indican lo contrario, aún tenemos una reserva importante de experimentados y nuevos buenos prospectos en el campo de la enseñanza que nos enriquecen especialmente por su optimismo, porque todavía no se han dado por vencidos y pese a la avalancha de condiciones adversas porfían y son tercos en ese propósito milenario de hallar “El Dorado o la Piedra Filosofal ”, es decir, sacar a flote ese tesoro oculto que cada uno lleva dentro, única posibilidad de que la educación cumpla su cometido y se convierta en factor de cambio personal y colectivo.
Ser maestro o un simple instructor de clase, he allí un formidable interrogante filosófico que debiera inquietar nuestro cerebro cada vez que algunos notemos ese desaliento paralizante que produce la apatía o la rebeldía de un grupo de educandos más propensos al ejercicio de su libre albedrío, con todas las consecuencias de allí derivadas. No es fácil, definitivamente es un asunto de “ser o no ser”, de “estar o no estar”, momentos trascendentales para convertir el “dejar hacer, dejar pasar” en una práctica concreta y creativa que dinamice y desrutinice nuestro quehacer cotidiano en el entendido de que quizá la culpa no sólo es de los otros. Si logramos superar ese desafío que se nos plantea con obstinada frecuencia -entre otros por niños, niñas y jóvenes- podremos demostrar a propios y extraños que lo nuestro no se limita al cumplimiento de un contrato laboral o el acatamiento forzado de un horario de trabajo sino que a lo mejor es una sorprendente vocación que perturba noche y día, nuestra sensibilidad, nuestros valores, nuestra conciencia, nuestra vida y nuestro destino.
Apostar y aportar por un futuro diferente, progresista y menos desigual es una tarea titánica y quijotesca que también corresponde asumir a los que más en contacto estamos con las nuevas generaciones, al fin y al cabo se supone que ellos no saben lo que nosotros sabemos y además serán ellos los protagonistas o los convidados de piedra de un mundo cada vez más convulsionado y ambiguo. Cumplir eficientemente con nuestro trabajo así otros no cumplan con el suyo ratifica y exalta la vocación que la mayoría posee. Desde esta visión mi desempeño no se constituye en un sacrificio fatigoso y angustiante sino en una encantadora oportunidad para influir positivamente en la Comunidad Educativa , corroborando de paso que estamos en el lugar adecuado. Ayudar a construir una escuela y una educación atractiva, renovada, atrayente, es un objetivo indispensable para darle un horizonte a ésta profesión, y por tal razón no sobraría resaltar algunos modales que contribuirían a cualificar tal búsqueda: Ser amables, bondadosos, divertidos, reír con nuestros alumnos, hallar algo especial en ellos y destacarlo ante los demás y sobre todo respetarlos reconociendo su valor y su potencial por ser diferentes e irrepetibles, aunque a veces nos pongan al borde de la deserción.
Un maestro o maestra es aquél (lla) que nos enseña a descubrir, persistir y amar nuestra vocación y los sueños que nos atormentan, todo lo demás son discursos ineficaces, acciones monótonas y vacías que pronto serán olvidadas sin dejar huella alguna. Un aplauso y agradecimiento eterno a los maestros y maestras que como ustedes demuestran cada jornada que ésta no es una Misión Imposible. Para los escépticos que todavía creen que en educación lo posible es imposible querría expresarles que tengo fe en que más temprano que tarde también alcanzaremos el abnegado y honroso título de maestro o maestra.
Noremberg

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