lunes, 4 de abril de 2011

NO HAY CLASE...


EL BLOG DEL  
                                   APRENDIZ


NO HAY CLASE O LAS OTRAS FORMAS DE LA FELICIDAD
A las plantas las endereza el cultivo; a los hombres la educación.
JeanBarthelémy
El gran secreto de la felicidad es la inocencia                                                                         Focílides                    
Fue como un ligero murmullo que se hizo perceptible con el paso de los segundos. Los salones y los corredores bullían de jóvenes animosos, al comienzo las voces eran de incertidumbre, los interrogantes iban y venían, nadie sabía a ciencia cierta qué pasaba, sólo era eso… un murmullo. Un grito, dos, alguien lanzaba una mirada furtiva, las miradas se encontraban pero las respuestas no llegaban, todo era confusión e ignorancia, se suponía algo, bueno parecía que era cierto, las preguntas atravesaban el ambiente, y sin embargo la duda permanecía allí, inmutable, de cuerpo presente, unos caminaban apresurados, otros estáticos miraban a todos lados, la ansiedad se dejaba notar, parecía un día normal pero no lo era, la atmósfera recordaba una historia de  Kafka, los personajes no terminaban de definirse, flotaban los sentimientos y las pensamientos, los hechos parecían pero no se concretaban,  finalmente la realidad se desvanecía, se transmutaba y se convertía en otra cosa, como en un caleidoscopio febril, surrealista.
Y de repente sonó una voz estridente, enérgica, liberadora, el milagro estaba allí, éramos testigos de la buena nueva, Dios, el Destino, la Pacha Mama había escuchado los clamores de cientos de estudiantes, la muchedumbre era recompensada, los ruegos y las jaculatorias tuvieron eco, la multitud estalló en una ovación desenfrenada, los abrazos enloquecidos no se hicieron esperar, las risas y los retozos vibraban en medio de la apacible mañana, rostros de felicidad iban y venían, recordaban su primera infancia allá en el parque en medio del agua o del barro, para ellos no existía ni el tiempo ni el espacio, sólo se dejaban llevar por un éxtasis hipnotizador, era una comunión sagrada, algo que unía, seducía y arrastraba inexorable, irrazonable, felizmente.
Al terminar el sorprendente y fugaz jolgorio se descubrió que había pasado, otro día sin clase, un profesor cuchilla con permiso, hora libre, jornada de locha, un día fuera de las aulas, un tormento menos, una obligación cancelada, la libertad de no tener que hacer ni responder por nada en el cole, una buena excusa para ser feliz, al menos por un rato, respirar tranquilos sin la apremiante y continua exigencia de los deberes académicos. Inocente felicidad en su más pura esencia.
“Los jóvenes del hoy son casi iguales a los jóvenes del ayer y a los del mañana, sería bueno que los adultos nunca lo olvidáramos”
Noremberg

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